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Don Carlos, cuéntenos un poco de qué va el libro. Bueno, el libro es una historia de ficción en la cual se nos relata más o menos la vida de un político que cae en desgracia, pero no que cae en desgracia por la política, cae en desgracia por su propia personalidad, porque es un hombre muy mujeriego, porque es un hombre que le gusta vivir muy bien, porque tiene un carácter muy especial, y eso hace que el mundo político lo rechace en un momento dado, entre otras cosas porque es un político honradísimo. El libro está escrito por tres personas. Una de ellas es un investigador sobre política que se llama Ernesto Áltares, que viene de una universidad a hacer este estudio político de una comunidad, de una provincia; un amigo del protagonista, que se llama en la novela Carlos Guillén, y el propio protagonista, que escribe lo que va a ser el núcleo de la novela, que son los papeles que se encuentra, o que él da, a Carlos Guillén, en donde hay una serie de escritos, no sólo de tipo político, sino también de tipo literario, aunque nunca él había mostrado en su vida normal ninguna capacidad de hacer literatura, sin embargo, aparece como un buen literato, incluso en la novela. Es una novela que tiene también una parte muy reflexiva, en donde se habla y se piensa acerca de puntos fundamentales de la vida, y quizás lo que aparece con más notoriedad es la visión del individualismo ético que la gente ha de tener si queremos construir un mundo realmente en el cual la ética funcione de una manera formal y muy positiva.
El problema es que de casualidad ha salido esta novela ahora, porque la novela tiene cerca de tres años ya. Es una novela escrita hace tiempo, se tardó en editar, pero hemos vivido, infortunadamente, en Canarias, una época política muy extraña, muy rara, muy comprometida, en donde el problema de este hombre, de Abilio Santos, se ha mostrado al público un poco, no exactamente, pero sí ha habido muchas declaraciones de políticos que pueden equipararse, no a las de Abilio Santos, pero sí entrar, estos personajes, en el mismo juego que yo entro en la novela, es decir, imaginar que un hombre que tenga una honradez a toda prueba, no puede estar dentro ni actuar en una política como la actual. Entonces podríamos decir, aunque no nos gusta hablar de política, que es una novela con algo de moraleja... La moraleja es esa. La moraleja es fundamentalmente el poner al lector ante un hombre que afirma rotundamente su ética individual. No le importa la de los demás, pero la suya es importante. Entonces, de lo que no cabe la menor duda es que si todo el mundo viviera dentro de un mundo ético, el mundo cambiaría. En la actual filosofía y en la evolución de la actual fiilosofía, el estudio del individualismo ético es una de las cosas más importantes. Los estudios, por ejemplo, de Javier Muguerza, sobre individualismo ético son fundamentales y aparecen en todos los tratados de filosofía actual. Este filósofo español ha abierto una puerta a la modificación del mundo a través de la modificación de cada uno de los participantes en el mundo. Entonces las cosas irían mejor. No hay ortodoxias, sencillamente la ética por encima de todo, y eso es importante. Hablando un poco de su historia en el mundo de la literatura, usted lleva muchos años en el. De hecho tenemos el honor de estar hablando con un Premio Canarias, ni más ni menos. Cuéntenos un poco sobre su trayectoria. Bueno, no, lo que yo le puedo decir es que tengo en ese sentido poco mérito, porque yo me crié en una familia de buen nivel intelectual, en donde la literatura, el arte, la pintura, toda la cultura en general era algo muy importante. Entonces, ni siquiera en la biblioteca mía es un mérito tener veinte mil volúmenes, porque no es mía sólo, era de mi abuelo, era de mi padre, ahora es mía, supongo que será de mi hijo un buen dia también. De modo que mi educación ya me condicionó, para después, al mismo tiempo que hacía medicina y psiquiatría, poder entregarme sobre todo a hacer poesía, que es lo que yo fundamentalmente hago. Y el Premio Canarias no me lo han dado por ninguna novela, me lo han dado por los veinte libros de poemas que he publicado desde los años cincuenta hasta la fecha. Pero no por las novelas. La novela es una especie de entretenimiento que tengo ahora, y es como un juego, esa es la verdad. Pero de todas maneras, bueno, la obra ahi queda. Cuentos, tengo también escritos muchos, y hay publicados por lo menos cinco o seis libros de cuentos, de modo que mi trayaectoria ha sido siempre una trayectoria de trabajo, fundamentalmente de trabajo. Aparte de mi trabajo profesional, el trabajo en la literatura. Como usted dice, realmente lo suyo es la poesía, pero nos ha sorprendido con esta novela. Cuéntenos algo sobre la experiencia de hacer una novela. La experiencia de hacer una novela no es para mí motivo de analizar el hecho de ponerse uno a hacer una novela. La novela está, la tiene uno que pensar primero, y una vez que está todo pensado, se tiene que poner uno a escribir, que es un trabajo. Y entonces hay que ponerse sencillamente a escribir, una letra detrás de otra, que es lo que mucha gente no hace. Pueden inventar una novela, pero no la escribe nunca. Lo que hay que hacer es inventarla primero con el pensamiento, con las ideas, saber que es lo que uno quiere, y después el terrible trabajo de escribir, que ese si que es un trabajo incluso físico, se cansa uno. Se cansa uno, incluso físicamente al escribir. Y yo escribo, por ejemplo, a mano, prácticamente todo. Después ya lo paso, no en un ordenador, sino en uno de estos semiordenadores, un procesador de textos, pero vamos, sigo escribiendo a mano. De modo que en la literatura ahora, tengo tres novelas pendientes, ya se publicarán algún día. Después tengo mis memorias, pero las memorias supongo que las publicaran cuando yo me muera, porque entre otras cosas, son cerca de cuatro mil folios ya lo que tengo escrito, sobre lo que ha sido mi vida, y lo que han sido las circunstancias de mi vida. No hablo sólo de mí, hablo del mundo que me ha rodeado, del mundo que yo he conocido, y bueno, me entretiene mucho hacerlo. Me cuenta que tiene tres novelas terminadas, o sea, pendientes de publicar. Pendientes de publicar, dos. Escribiéndose, dos... Y una de las que se está escribiendo pues tiene.... no sé el número de páginas que va a tener, pero ¿qué podrá tener?, ochocientas, mil páginas, no sé. Hasta la fecha las que tengo son novelas muy densas, gordas, grandes. Bueno, la de Los Papeles de Abilio Santos... No, mucho mayores que la de Abiblio. La de Abilio es un capítulo de El Recital de Pedro Gonzaga, una novela que tengo yo, el tamaño puede ser ese... esto puede ser un capítulo de la otra novela. Es que yo soy un pesado. Cuando me pongo a escribir soy un pesado. No, lo que es muy productivo, que es distinto... Me comentaba antes que usted lo ha tenido fácil por la cultura que ha recibido en su familia, pero así y todo, el tema de publicar en Canarias, ¿no es un poco complicado? Eso es lo más complicado. ¿Usted ha tenido muchas dificultades para publicar? Como todos los escritores canarios. No creo que haya habido ninguno que haya tenido ni menos ni más dificultades que yo. Desde Agustín Millares, que era íntimo amigo mío, Pedro Lezcano... cualquiera de ellos ha tenido dificultades al llevar a la imprenta sus libros. Eso no creo además que haya variado. Porque hubo un momento en donde la oficialidad se ocupó de hacer ediciones más o menos agradables y llamar a los escritores para que hicieran libros, pero de eso hace unos cuantos años, y no ha vuelto a suceder, ni en Gran Canaria ni en Tenerife. Porque la época aquella donde se hacen todas las ediciones, por ejemplo, de Gaceta de Arte, eso todo se fué a la porra. Las colecciones de poesía, pues queda una de ellas sólo, en la Viceconsejería de Cultura, y del resto yo no creo que la oficialidad se esté ocupando ahora de editar, por lo menos en Santa Cruz de Tenerife cada vez se edita menos, y aquí estamos dentro de la misma tónica. El otro día, en la entrevista con el señor Barreto, me comentaba lo mismo, que el creía que todo pasaba por la oficialidad, porque las instituciones se preocuparan más... Pero es que antes las instituciones se preocupaban de editar libros, pero ahora las instituciones editan los libros que ellas quieren, y yo no le diría que no hay una intencionalidad política muchas veces en las instituciones que se derivan hacia determinados personajes, que no es que escriban mal ni bien, sino sencillamente están dentro de un mundo político que interesa al que está mandando en un momento dado. Esto no pasaba antes, al principio de la transición eso no sucedía, podía publicar todo el mundo. Llegó un momento en que no. Este es el problema que yo veo a la cultura oficial que tenemos en este momento en Canarias. Evidentemente, en la producción ya no sólo de literatura, sino de cualquier medio, vamos a llamarlo artístico, cultural..., de Canarias, nos vemos limitados. Sí, sí, nos vemos limitados porque no se gastan el dinero en editar libros, sencillamente. La Viceconsejería de Cultura editaba una enorme cantidad de libros. Bien, prácticamente en este momento edita, vamos a poner la décima parte... no lo creo, ni siquiera creo que sea la décima parte, creo que es menos. ¿Qué sucede? que si uno tiene un amigo en la Viceconsejería de Cultura puede editar libros, o puede editar discos, o puede editar lo que sea, o puede hacer exposiciones, pero si uno no tiene esos amigos, la cosa puede conseguirse, pero es más difícil, sin duda. ¿Incluso para una persona que lleva tantos años como usted escribiendo? ¡Ah!, pero las cosas son así.... ¿Cuándo nos va a regalar con otra novela, entonces? No lo sé todavía. Depende de lo que estamos hablando, de que alguien me lo publique ¿Y de poesía? De poesía es posible que se publique en Málaga ahora mi último libro de poemas, que se titula A solas sin testigos, y que lo publicará una entidad que se llama "Generación del 27", en Málaga, que tiene la Diputación, que es una verdadera maravilla, porque allí sí que no hay preferencias, sino que la organización, que es magnífica, que publica dos o tres colecciones de poesía, pero también publica ensayo, novela... es una cosa verdaderamente maravillosa. La lleva Ignacio Caparrós Valderrama, el director de Centro cultural Generación del 27. Perfecto. Me comentaba antes que acababa de venir de Italia... Estuvimos invitados en Milán, Lugano... porque allí se celebró una exposición de fotografía de un fotógrafo americano de los años 20, que se llama Eugene Omar Goldbeck, que fué un descubrimiento de una italiana, de Kitty Boloñese. Entonces, una editorial catalana fué la que empezó a ver el tema de editar un libro con las fotografías de este caballero y hacer una exposición en Lugano, a través de la Fundación Gotardo, que es una banca, que naturalmente hizo una exposición gradiosa, donde a toda persona que entraba a ver la exposición se le regalaba el catálogo, que era un libro que podía costar muy bien cinco o seis mil pesetas. Eso es una fundación, de una banca, claro... Jordi Bernadó es el editor que hizo la edición de ese libro en Barcelona, y que fué el que me metió a mí en eso, y yo tengo un texto ahí en el catálogo, que hay cosas curiosísimas. Este señor hacía fotografías del ejército, y fotografiaba de una vez a veintisiete mil hombres, subiéndose a unas torres que edificaba, de sesenta metros, y ahí inventó un aparato para coger a toda la gente que estaba, quieta... Tenía al ajército, por ejemplo, a veintisiete mil hombres, los tuvo tres cuartos de hora sin moverse. Los enfocó a todos, y salieron todas las caras. Esa fotografía estaba al principio de la exposición de Lugano, tenía dos metros por dos, y se veían todas las caras. Después hizo ampliaciones de pequeños grupos de esos veintisiete mil hombres, y después, de cada uno ellos. Las vendió a los veintisiete mil, cobró tres dólares por cada una de las fotografías, y se hizo millonario. Es un fenómeno descubierto en Europa, es curioso, porque en América no lo conocen. A Goldbeck lo conocen sólo en San Antonio de Texas, porque es de allí, pero no porque lo conozcan. Lo han descubierto los europeos, lo hemos descubierto nosotros. El grupo, que nos titulamos el Goldbeck Team. Que está en ese grupo, Bernadó, yo, Ramiro Cuende, un arquitecto de Santa Cruz de Tenerife, uno de los primeros fotógrafos del mundo, que es un milanés que se llama Gabriele Basílico, Kitty Boloñese, Lucca y otros. Eso fué lo que fuimos a hacer allí, fuimos a presentar eso, la exposición, y a vivir la inauguración de la exposición en Lugano, que es una cosa que uno sueña después de tantos años. ¿Usted siente que se le acoge más fuera de Canarias que aquí? Ah, siempre, eso siempre.... pero eso no quiere decir que a mí no me acojan aquí, ni mucho menos. Yo estoy muy contento con los premios que he tenido, por ejemplo. El que me dieran el Premio Canarias para mí fué una enorme alegría. Al fin y al cabo, era el reconocimiento por parte de mis paisanos de que por lo menos hacía una poesía que se podía leer, y eso es importante. Pues, don Carlos, esperamos verlo por aquí para otro libro, sea de poesía, sea de novela.... |