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Sabedores de los valores paisajísticos existentes y de la imposibilidad de acabar con ellos a las bravas, se desentienden de la protección del paraje permitiendo en Semana Santa, lo que en ninguna otra playa del litoral moganero se permite: acampar, pero además no de forma controlada sino todo lo contrario. Esta Semana Santa se podían contar por cientos las casetas en primera línea de playa y otras tantas en las dos siguientes hileras, amén de dos kilómetros del cauce del barranco, completamente atestados de coches.
El Ayuntamiento alegará ahora que no había permitido la acampada, pero lo cierto es que no se vio ni un solo Policía Local, miembro de Protección Civil, Costas, Medio Ambiente o Representante Local alguno, que lo impidiera o controlara. Dirán que es un espacio inmenso e imposible de controlar, aunque solo haya una carretera de acceso a la playa que podría haber sido controlada con un solo agente; cuando lo cierto es que permitiendo la destrucción del entorno por parte de un grupo de irresponsables, tienen las manos limpias y el camino despejado para decir cosas como que el paraje carece de valor ecológico alguno, o que no existen razones de peso para no edificar en él.
Yo, denuncio públicamente la negligencia del Ayuntamiento de Mogán que ha consentido un daño ecológico de difícil arreglo sobre un paraje natural, de los pocos que le quedan. Denuncio la pasividad de las autoridades de Costas y de Medio Ambiente, que tan raudos y veloces son en expulsar a los canarios que intentan acampar en otras playas donde se molesta con las casetas la vista de los turistas, de no medir toda mi tierra con el mismo rasero, y de desentenderse de un paraje que han vendido a las acciones especulativas de unos pocos, permitiendo su destrucción de un forma interesada. Colaboradores: Rosa H. Rivas, Jenny Hymoff, Mª Del Pino Medina |