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La directora del grupo Coros y Danzas de Hermigua y Agulo nos habla del rescate del folclore en La Gomera Cuéntenos un poco cómo nace el disco, Doña Lili.
Bueno, el disco era un pensamiento que yo tenía en mi mente desde hace muchos años; llevo 45 años en el folclore, Coros y Danzas de Hermigua y Agulo es uno de los grupos más antiguos, no precisamente en años, pero sí en que yo lo fundé y sigo de directora y eso no es tan fácil. Yo conocí el grupo de Santa Cruz de La Palma en mis comienzos, llevan más años, pero en estos 45 años lleva tres directores. El grupo de Ingenio, por ejemplo, tiene 50 años de existencia, pero ha tenido varios directores.
En el año 48 vi gente de La Palma que iban a bailar y fue cuando a mí me picó el gusanillo, pero me quedé porque me veía tan impotente para llevar a cabo algo así. Después comenzó el grupo en el año 54, con altas y bajas, había temporadas con gente, temporadas que se me iban, se casaban chicas, etc…, pero algo dentro de mí me hacía seguir. Parece que Dios me marcó para llevar una cruz y una estrella, porque he sufrido tremendamente, pero he pasado momentos muy grandes de alegría, también de tristeza por los que se me han marchado.
Como cuando murió Alexis, un chiquito de 17 años, en un accidente horrible. Estábamos a punto de venir a Las Palmas a bailar cuando se cayó y se quedó. Yo salí de la casa sostenida por dos personas, porque era como si algo mío se me hubiese ido. También tocadores mayores, uno murió casi bailando del sentimiento tan arraigado que tenía, después de haber sufrido un ataque al corazón.
Recuerdo a Medina, que le llamábamos El Rabillo porque era chiquitito y que había quedado viudo, que la última vez que lo vi le dije que se animara a bailar con nosotros y él me dijo: Dña. Lili, yo ya no puedo hacer lo que hacía antes, yo le dije que aunque sea viniera a tocar las chácaras y él me contestó: No, si voy a tocar, también bailo, porque aún la sangre me "jierve".
Y son anécdotas que recuerdas con cariño… y de chistes, ¡pa' qué te hablo! Recuerdo en una ocasión que fuimos a Madrid, siempre con la Sección Femenina, y unas veces había más dinero que otras; entonces fuimos a ensayar al Hogar Canario para luego actuar en el Teatro. Íbamos caminando cuando Medina me dice: Dña. Lili, usté no encuentra que este viaje anda medio "estreñío"?... como íbamos con poco dinero...
Todas esas palabras que utilizan yo las voy recopilando y apuntando en una libretita. Una amiga mía dice que quiere hacer un libro en el que además se pongan romances. Y es verdad, pero al convivir con tantas personas que van heredando lo que había antes, se me van pegando las palabras. Cuando estaba en la Sección Femenina me preguntaban que de dónde era ese lenguaje que yo utilizaba y yo les decía que era de La Gomera, que es como allí se habla. Chafalmeja, por ejemplo, se le dice a una persona que va mal vestida.
Entonces, usted lleva muchos años recopilando, no sólo lo relacionado con la música, sino con todas las tradiciones populares.
Sí, verás, uno de los bailadores era molinero, tenía un molino en el barranco para el agua que bajaba de El Cedro. Cuando yo lo conocí, su mujer estaba recién embarazada y ahora, su hija, que tiene dos hijos, están también en el grupo. Estuvo el abuelo, la hija y los nietos. También tenemos otro abuelo, El Billero le llamamos, la hija, que le decimos La Billera, que canta estupendamente en el disco la Jota Gomera, y una nieta de 14 años. Son muchos años recopilando historias.
Entonces los jóvenes de hoy también participan.
Sí, sí, una vez estaba en El Cedro y vino una madre con su niñito en brazos y le dijo: dile a Dña. Lili, dile como tú tocas las chácaras y empezó la criatura a mover las manos como si estuviera tocando unas chácaras.
Bueno, y cuando estábamos ensayando La Mascarita, que es la Mazurca, iba por la carretera y oía a los chicos en los riscos cantando: ¿quién es esa mascarita?, imitándome, porque yo estaba ensayando para presentarme a concurso sin instrumentista ni nada. Y así nos presentamos, tarareando la Folía, la Isa y el Santo Domingo de Tenerife, al Primer Concurso de Danza que se celebró en el Cabildo de La Gomera. Allí me concedieron la Medalla al Mérito Turístico, que me impuso D. Manuel Fraga Iribarne, por mi labor al mantener vivo el folclore, y al grupo una placa.
Un gobernador que había en Santa Cruz, D. Pablo Abril, que me apreciaba mucho y quería agradecerme también mi labor, le dijo a un amigo mío si sería buena idea llevarme para Santa Cruz y él le dijo: no, D. Pablo, si usted quiere premiar a Dña. Lili, hágalo de cualquier forma, menos sacándola de La Gomera. Y así es, puedo viajar mucho, pero yo, en mi Gomera.
Usted ha viajado mucho con el grupo…
Sí, bueno, yo estuve dos años en Madrid, cuando nació mi sobrina y fui para criarla, ya que mi hermana estuvo muy enferma y luego estuve otro año, porque enfermé yo, cuando murió mi cuñado y una amiga mía, Ñita Herrera; me quedé tan mal que el médico me recomendó ir al Hospital Marañón para que me analizaran. Yo entonces cobraba 100 pesetas por la Sección Femenina, imagínate, pero fui y después de varios meses me curé.
Recuerdo que años después, D. Jesús Trujillo me indicó el baile del tambor; yo solo sabía un pasito cuando empecé a ensayar y él, cuando se enteró, me dijo: vete a beber agua de la fuente limpia y yo le dije extrañada: y ¿dónde queda eso?, en el estanquillo, que era donde estaban Angelillo y Darío, los que tocaban el tambor y me enseñaron a bailar. Ellos me lo ensañaron como sabían, para la procesión, luego lo adaptamos para el escenario, así nació lo que se llama el cambio de mudanza.
El Santo Domingo se bailaba en los salones, como nos dijo uno de los tocadores de La Palmita, con guitarras, tambores y chácaras, pero más flojito. Este sí sabía bailarlo, pero el problema era la letra, entonces fui sacando versos relacionados con los barrios de allá y los escribí. Ramón Correa también sacó otra letra en un disco que grabó con Benito Cabrera y unas veces cantamos el suyo y otras el mío. En el disco pusimos uno muy bonito que dice:
Roques de Agando Ramón Correa hizo un romance muy bonito, cuyo pie es traemos de La Gomera los tesoros que ella encierra. Tiene 33 años y es licenciado, hay otra chiquita que es la que silba, otro chico de 18 años, Jonathan, que romancea, toca el tambor, toca las chácaras de maravilla, … hay gente muy valiosa en el grupo.
El disco entonces es folclore puro.
Sí, en el disco no hay nada inventado. En la mazurca hay unos cantitos sacados por mí, en la jota gomera está el canto que aprendí en Vallehermoso, con el estribillo de las castañas tostadas. Hay otras coplas que las sacaron Los Isleños, un grupo ya desaparecido de Santa Cruz, que me gustaron mucho y las incluí. En los cantos con cuerda se puede hacer alguna innovación, pero el tambor hay que respetarlo; no hay más que tambores, chácaras, el romance y la contesta. Así lo aprendí y así lo aprenderán los jóvenes.
¿Tiene previsto sacar más discos, Dña. Lili?
Bueno, no es tan fácil. La Gomera es una isla pequeñita y en su folclore hay isas, folías, malagueñas, seguidillas, como en todas partes; pero cada isla tiene sus características peculiares, personas que cantan de otra manera, que le dan otro aire. Hay mucho punto cubano, uno de los del grupo improvisa de forma increíble, de tal suerte que le ganó a un palmero en un encuentro que hubo.
Háblenos del silbo gomero.
Hay una cosa muy bonita que yo me enteré, que cuando alguien moría en el monte, uno daba el silbo del aviso y los vecinos sabían que algo pasaba, otro contestaba y como todos sabían silbar, se enteraban e iban a casa del difunto.
Chipude está en el centro de la isla y estaba bastante incomunicado, casi toda la gente rica tiene ahora una casa allí, hay una iglesia muy antigua con la Virgen de Candelaria. A un chico se le puso la mujer de parto, pero no podían trasladarla a Vallehermoso, entonces silbando de una montaña a la otra, llegó el aviso de que hacía falta el médico y éste tuvo que subir en burro por las veredas y la atendió.
Cuando los temporales, yo oía un silbo y ya sabía que el barranco venía crecido. Había que sacar a los animales, para no perderlos. El silbo era el medio de comunicación que había antes, pero con el teléfono ahora casi nadie silba, pero como lo enseñan en la escuela, ya escucho a los muchachos silbando de nuevo, que parece que silban para que yo los oiga.
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