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El montaje de un museo y el acondicionamiento de los senderos que rodean la Cueva de Belmaco, hacen de este lugar una visita de obligado cumplimiento a una de las más importantes estaciones arqueológicas de Canarias
Belmaco se encuentra dentro del barranco de La Chicharra, a unos 400 metros de altitud, en un entorno de fayal - brezal. En este lugar se conserva el recuerdo de la existencia de una fuente, hoy desaparecida, conocida como la Fuente de Los Alamos, siendo un apoyo más a la teoría que relaciona los grabados con el culto al agua y a las fuentes. Las inscripciones de la Cueva de Belmaco fueron las primeras que se descubrieron en Canarias, hecho que ocurrió de forma casual, fruto de la visita de inspección realizada en 1752 por el entonces gobernador militar de La Palma, Domingo Van de Walle de Cervellón. Desde entonces, Belmaco se convirtió en un mito y una leyenda donde, según la tradición oral, vivieron los señores del cantón de Tigalate: Juguiro y Garehagua.
Entre 1959 y 1961 realiza las excavaciones L. Diego Cuscoy, dejando al descubierto una capa de sedimentos que superaba los 4 metros de altura. Posteriormente, en 1974 y 1979, el Dr. Mauro Hernández Pérez realiza nuevas excavaciones en la cueva. Las últimas investigaciones han sido realizadas por J. F. Navarro Mederos, E. Martín Rodríguez y F. J. Pais Pais. Tras las campañas arqueológicas de 1974 se llevaron a cabo algunas mejoras. En 1984, la Dirección General de Cultura del Gobierno de Canarias declara la Cueva de Belmaco como Monumento Histórico - Artístico. Con la inauguración del Museo de Belmaco se culmina el Plan de Conservación de la Zona Arqueológica de Belmaco, presentado en 1991, que proponía la potenciación de esta área.
La inauguración del Parque corrió a cargo del Presidente del Gobierno de Canarias, el Director General de Patrimonio, el Consejero de Cultura del Cabildo de La Palma y el alcalde de la Villa de Mazo. |