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  Marzo 2001. Artículo
El Jazz en Canarias (I)
Roberto Cabrera

Publicamos este mes la primera parte de este interesante artículo sobre la historia del Jazz en Canarias. Debido a su extensión, publicaremos su conclusión en el próximo número del Magazine

Gato Gótico. Novotel de Dakar (Octubre 2000)
No es fácil abarcar las singularidades ni los retos que dan cuerpo a la historiografía de la música Jazz en Canarias. Sobre todo si se trata de un alumbramiento y no una defección.

Una singularidad que presenta precisamente el jazz es la de estar o haber estado cerca del cine, cerca de la literatura, a unos pasos de la danza, la escultura, la pintura y las demás artes.Así que la vocación del jazz como la del arte en general no es la proyección hacia la minoría. En todo caso hacia la individualidad. Pero no es este último concepto el que centra nuestro análisis. Sí lo es el "sincretismo" que ha rodeado en todo momento a esta expresión artística genuinamente s. XX.

Ya es casualidad el hecho histórico del destino de muchas familias canarias siglos atrás, al hondo Misisipí, cuna del jazz, como colonos forzados. Justo es significar que por nuestra ignorancia no vamos a alegar que el Jazz es entonces una música desconocida hasta que llega a Canarias,sobre un soporte industrial de vinilo. Muchos analistas se equivocaron de forma palmaria al significar por ejemplo que durante la Edad Media no existió filosofía.

Hay trabajos periodísticos como los de Gilberto Alemán que nos introducen en acontecimientos singulares del Santa Cruz años 30, otros relatos orales de visitas al Chicago de Al Capone, cuando los viejos vapores surcaban el Atlántico a su vuelta del Caribe.

En 1940 la Orquesta Minerva fundada en Fuencaliente (Benahoare) ejecutaba dixiland y swing, sin que el resto de los canarios nos enterásemos del sonido de la trompeta de Antonio Matías, superviviente de aquella odisea, orquesta formada por violín, batería, bajo de tuba, trompeta y trombón. Y la fotografía que se exhibe aún en un bar a la entrada del pueblo.

Un caso de mayor vergüenza y desconocimiento lo constituye el desaparecido José Manuel Cabrera, pianista y compositor de más de un centenar de temas de jazz. Arreglista y concertista en la ciudad de Chicago en los finales de los 50. Este músico tinerfeño de trágico final, tuvo muchas dificultades en su trayectoria artística a su regreso a Canarias, buena prueba de las mezquindades de que son capaces muchos isleños.

En 1964 se funda en Las Palmas (Tamarán) el célebre Club de Jazz "Half Note".Impresionado por un disco que ronda ya los 35 años, el escritor gran canario Ángel Sánchez "espiritualizado" por la voz de Mahalia Jackson entró en contacto junto a otros amigos con Bill Hewet, un oficial de EEUU retirado en Bélgica, al que posteriormente animarían su idea de abrir un club de jazz. Los varios miles de ejemplares de discos que cubrían una pared entera de la casa del ex-militar, quien había sido precisamente "manager" de la propia Mahalia Jackson, eran el mismo material fundamentalmente en las emisiones del "Club de Jazz" que él mismo dirigía en Radio Atlántico. Todo esto ocurrió gracias a la oportuna carta de un aficionado enviada al programa. Ángel Sánchez podría ahora disfrutar junto al piano blanco del "Half Note" de Bill Hewet del saxo de Dexter Gordon, las manos de Montoliu o Lou Benett y otros grandes del Jazz, en sus escapadas a Las Palmas desde París donde eran dados por "desaparecidos".

Hoy escribimos estas notas por mor del cosmopolitismo de un paisano. Aquel Club se mantendría hasta llegar los 70, años en que coincide la apertura de otro local en las cercanías: "El Saxo", que desplazaría una parte de la clientela. Junto al Sur de la isla que en apogeo concentrará a la otra: los turistas británicos y europeos, aficionados y mantenedores de esta expresión. La durabilidad de salas ulteriores habrá de estudiarse en el futuro atendiendo al equilibrio alterado por esa capitalidad turística. Casos de los clubes "Quasquías" o "Pool", desaparecido ya el primero, y que pasarían de largo los 80 alternando el jazz con otros estilos, como el antiguo "Clown" o "La Calle".

En Tenerife ocurriría lo propio. En la isla surrealista brotaría en El Puerto de la Cruz la "nota azul", el "Blue Note" un sótano con apariencia de "salón de reunión" de un crucero, al que se accedía por una escalinata de singular pasamanos y alfombra, que exhibía en una pequeña cartelera acristalada el retrato de Otto Artzsman sentado a un Hammond sonido "Leasly" portando una trompeta en su mano derecha y pisando los bajos del órgano, junto a fotos de otros músicos predominantemente baterías. El local tuvo varias decoraciones pero siempre el mismo camarero escrutador. Se diría que a veces, el propio Otto entre la penumbra azul y el humo de los cigarrillos, controlaba las consumisiones. Tal vez sea mucho decir de aquel robusto alemán, con varios discos publicados en el extranjero, de quien se relataba que había sido llevado en su tierna infancia frente al Fürher como niño prodigio de la trompeta. Como aditamento a este pasado mítico, se relataba también que su aprendizaje de la embocadura, lo había efectuado en plan teutón, con el instrumento de metal colgado de una cuerda, y él manos a la espalda. De forma que no pudiese presionar la boquilla contra el labio, al hacerla sonar en dificultoso equilibrio. Estas modernas técnicas del metal ya son comunes en los músicos canarios desde hace una década, afortunadamente.

Todo un cuadro. Asuntos como éstos debieran ser historiografiados monográficamente, desde luego. Revistas, programas radiofónicos o televisivos sobre jazz. Películas que dieron a conocer los entre bastidores de estos artistas del siglo XX. Entre tanto, el mismo fenómeno de dominancia del Sur de la isla en su eclosión y rápido desarrollo turístico, hizo que Blue Note bajara la guardia y que otros núcleos polarizaran la práctica de esta música en vivo. En los 80 "Solera", "Buho" y "Sabanda" en La Laguna fueron locales que se acercaron al espectáculo jazzístico. Los músicos locales de la mano de Artzsman, Vecchio o Bebe Martín, comenzarían a introducirse definitivamente en el jazz. El hecho incuestionable de que el batería habitual de Otto, fuera el músico tinerfeño Juan Ramón, sirvió de botón de muestra a otros instrumentistas que fueron incorporándose a las bandas de estos extranjeros; donde destacó Bargas, batería negro u otros músicos pertenecientes a grupos soul afincados en las islas, que impartieron sus conocimientos personales al tiempo que los músicos provenientes de otras didácticas formaban sus combos impulsados por las secuelas de las músicas progresivas de los 70, guitarristas y baterías que se mostraban curiosos, que fueron ensamblándose con los que salían de las nuevas academias.

La escasa predisposición de la burguesía insular a apoyar aquel fenómeno en alza, hizo que en pocos años desaparecieran no sólo las academias sino también los lugares en vivo y, mientras, siguieron escaseando las partituras, los libros, como artículos de lujo, los instrumentos a sobreprecio y los medios de siempre. Capeándose el temporal con las primeras ayudas del estrenado gobierno autonómico que trataron de impulsar con precarios métodos, giras, espectáculos, grabaciones y viajes de participación o ayudas para asistencia a Stages o Cursos en Barcelona o Berklee. Creación de Festivales de corte Internacional o Universitario. Estas actividades arrojaron unos frutos incuestionables, pero con cierta endeblez si se compara al impulso adquirido por las orquestas de música de baile al lograr su incorporación al mundo del espectáculo de la música afrolatina, o la clásica.

(continuará...)

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